Reflexiones en el 84° aniversario de la inmolación del Capitán FAP José Abelardo Quiñones Gonzales y Día de la Fuerza Aérea del Perú
«Mientras exista un integrante de la FAP dispuesto a servir a su patria, el espíritu de Quiñones seguirá surcando los cielos del Perú.»
Cada 23 de julio, los peruanos dirigimos nuestra mirada hacia el cielo con un profundo sentimiento de orgullo y gratitud. No contemplamos únicamente el inmenso espacio que cubre nuestra patria; contemplamos también el legado institucional forjada sobre los valores del honor, la disciplina, el sacrificio y el amor inquebrantable por el Perú.
El Día de la Fuerza Aérea del Perú trasciende una conmemoración institucional. Constituye una oportunidad para reconocer el valor del servicio, la entrega silenciosa de miles de hombres y mujeres y el compromiso permanente de una institución cuya historia ha estado estrechamente vinculada a la defensa y desarrollo de la República.
En reconocimiento a esa trascendencia, el Estado peruano oficializó mediante la Ley N.º 31822, que el 23 de julio sea declarado feriado nacional, en homenaje al sacrificio del Capitán FAP José Abelardo Quiñones Gonzales y al servicio que la Fuerza Aérea del Perú presta permanentemente a la Nación. Con esta disposición se reafirma que la defensa del espacio aéreo, la protección de la soberanía y el permanente apoyo a la población constituyen funciones esenciales para la seguridad y el desarrollo del país.
No se trata únicamente de recordar una fecha histórica. Se trata de reconocer que detrás de cada aeronave existe un piloto, un mecánico, un médico, un oficinista, un soldado; detrás de cada misión existe una familia; detrás de cada uniforme existe una vida dedicada al Perú.
Quiñones: el hombre que eligió la eternidad
Toda institución posee símbolos que representan sus valores más elevados. La Fuerza Aérea del Perú tiene en el Capitán FAP José Abelardo Quiñones Gonzales el ejemplo supremo del honor, el deber y el sacrificio.
El 23 de julio de 1941, durante las operaciones militares desarrolladas en el conflicto con el Ecuador, el entonces Teniente Quiñones cumplía una misión de ataque sobre posiciones enemigas en Quebrada Seca. Su aeronave fue alcanzada por el fuego antiaéreo. En aquellos segundos decisivos pudo salvar su vida utilizando el paracaídas, como correspondía al procedimiento habitual de supervivencia de un piloto militar. Sin embargo, tomó la decisión que lo llevó a la inmortalidad: permaneció en su avión, dirigiéndola deliberadamente contra la posición enemiga que impedía el avance de las tropas peruanas, sacrificándose y escribiendo esta sublime página de la historia del Perú.
Su inmolación representa la máxima expresión del deber militar: anteponer el éxito de la misión al interés personal. Desde entonces, generaciones de aviadores han encontrado en Quiñones el modelo del militar íntegro, valiente y profundamente comprometido con el Perú.
Custodios del cielo, guardianes de la libertad
La Fuerza Aérea del Perú no solamente protege el espacio aéreo nacional, protege la libertad, la soberanía y la capacidad del Estado para garantizar la seguridad de todos los peruanos.
Entre las páginas más heroicas destaca su participación durante el periodo de violencia terrorista que afectó al Perú entre 1980 y 2000. Aquellos años pusieron a prueba la fortaleza de las instituciones democráticas y la voluntad de miles de peruanos que asumieron la defensa del país frente a organizaciones criminales que pretendieron imponer sus objetivos mediante el terror, la violencia y el asesinato indiscriminado de civiles, autoridades y miembros de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional del Perú.
Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) intentaron convertir extensas regiones del territorio nacional en espacios dominados por el terror.
Frente a ello, la Fuerza Aérea desarrolló una intensa campaña de apoyo a las operaciones conjuntas: Transportó tropas hacia zonas inaccesibles, abasteció bases militares aisladas, evacuó a cientos de heridos, realizó misiones de reconocimiento, rescató sobrevivientes y realizó apoyo a las operaciones especiales.
Gracias a esa capacidad operativa, la Fuerza Aérea llevó la presencia del Estado a lugares donde el acceso terrestre era prácticamente imposible y donde su intervención resultó decisiva para sostener las operaciones militares y proteger a la población.
Cada vuelo representaba mucho más que una operación aérea. Significaba enfrentar montañas, quebradas, extensas zonas de selva y condiciones meteorológicas adversas, además de un enemigo que no utilizaba uniformes ni respetaba las normas del Derecho Internacional Humanitario.
Muchos aviadores no regresaron de sus misiones.
Muchos hogares quedaron incompletos.
Muchas esposas recibieron la bandera nacional, doblada, símbolo del deber cumplido.
Muchos hijos crecieron entre el orgullo permanente y el inmenso dolor de saber que su padre entregó la vida defendiendo al Perú.
El VRAEM: una guerra que continúa
Aunque el terrorismo fue derrotado estratégicamente en el ámbito militar, aún subsisten remanentes de organizaciones terroristas vinculadas al narcotráfico que operan en el Valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro (VRAEM). En ese escenario, la Fuerza Aérea del Perú continúa desempeñando un papel fundamental mediante operaciones de alta complejidad, esenciales para garantizar la presencia del Estado y apoyar el accionar de las fuerzas del orden.
Operar en el Vraem exige un elevado nivel de preparación profesional. La geografía impone enormes desafíos: montañas escarpadas, profundos cañones, selva cerrada, cambios meteorológicos repentinos y pistas de aterrizaje ubicadas en lugares extremadamente difíciles, donde cada operación demanda capacidad de respuesta inmediata, experiencia y precisión.
El enemigo no presenta frentes definidos.
Se oculta entre la vegetación.
Utiliza emboscadas.
Se financia mediante el narcotráfico.
Conoce el terreno.
Ataca de manera sorpresiva.
Sin embargo, el personal de nuestra Fuerza Aérea continúa despegando cada día con la misma convicción que inspiró a Quiñones: cumplir la misión.
Cuando el enemigo es la naturaleza
Existe otra misión en la que la Fuerza Aérea demuestra diariamente su verdadera dimensión. No combate contra ejércitos, lo hace contra el mal tiempo, una difícil geografía y desastres naturales.
Cada vez que el Perú afronta terremotos, inundaciones, huaicos, incendios forestales, erupciones volcánicas o emergencias sanitarias, las aeronaves de la Fuerza Aérea se convierten en el primer puente entre la esperanza y quienes han quedado aislados.
Especial relevancia adquiere su actuación durante los trágicos acontecimientos sucedidos por el Fenómeno El Niño que impacta gravemente en el Perú. El calentamiento anómalo de las aguas del océano Pacífico ecuatorial altera el régimen de lluvias y ocasiona inundaciones, desbordes de ríos, huaicos y graves daños a la infraestructura crítica.
Miles de familias quedan aisladas.
Carreteras desaparecen.
Puentes colapsan.
Pueblos enteros quedan incomunicados.
Frente a estas emergencias, la Fuerza Aérea del Perú despliega con rapidez sus capacidades operacionales.
Sus aeronaves establecen puentes aéreos llevando alimentos, agua, medicinas, personal médico, maquinaria, equipos de rescate y ayuda humanitaria. También evacúan niños, madres gestantes, adultos mayores y pacientes en estado crítico que requieren atención médica especializada con la mayor urgencia.
En estas circunstancias, cada despegue trasciende el ámbito de una operación aérea. Representa la oportunidad de preservar la vida, aliviar el sufrimiento de las poblaciones afectadas y reafirmar el compromiso permanente de la Fuerza Aérea del Perú con el servicio a la Nación.
El Himno de la Fuerza Aérea: un compromiso de honor
Los himnos militares poseen una característica singular: no solo se cantan, se viven.
El Himno de la Fuerza Aérea del Perú sintetiza la esencia del espíritu militar. Exalta el honor como forma de vida, el sacrificio como deber, el valor como virtud permanente, y el cielo como escenario donde se pone a prueba la voluntad de servir.
Cuando un cadete, un alumno, un soldado del Servicio Militar Voluntario, un técnico, un suboficial o un trabajador civil de la Fuerza Aérea entona por primera vez este himno, comprende que se une a una familia fusionada por sus valores.
Con el paso de los años, esas mismas estrofas adquieren un significado aún más profundo. Al entonarlas, después de décadas de servicio, reviven los recuerdos de cada misión, de cada compañero y de quienes quedaron para siempre custodiando el cielo del Perú. El verdadero significado del himno de la FAP no reside solamente en la solemnidad de sus palabras, se manifiesta en la conducta cotidiana de quienes honran ese juramento.
Gratitud eterna
La historia del Perú no puede comprenderse sin la participación de la Fuerza Aérea.
En la guerra.
En la paz.
En la lucha contra el terrorismo.
En el combate contra el narcotráfico.
En las operaciones de ayuda humanitaria.
En el transporte de órganos para trasplantes.
En el rescate de compatriotas.
En la evacuación de heridos.
En cada misión donde el deber ha estado por encima del interés personal.
En este nuevo aniversario, expresamos nuestro más profundo reconocimiento al personal militar y civil de la Fuerza Aérea del Perú, tanto a quienes continúan sirviendo con honor en actividad como a quienes, desde la situación de retiro, siguen siendo ejemplo de profesionalismo, disciplina y amor por la patria. Nuestro homenaje se extiende a las familias que sostienen silenciosamente cada misión.
Y elevamos nuestra más sentida reverencia a quienes entregaron su vida en acto o como consecuencia del servicio.
Ellos nunca partirán mientras exista un Perú agradecido que honre su memoria. Los héroes no desaparecen, permanecen en el horizonte como ejemplo e inspiración para las nuevas generaciones. Gracias a ellos, el cielo del Perú seguirá siendo símbolo de libertad, soberanía y esperanza, custodiado por hombres y mujeres que, con el mismo espíritu de honor y servicio, continúan velando por la seguridad y el bienestar de la Nación.
¡Honor y Gloria a la Fuerza Aérea del Perú!
¡Honor eterno a nuestros héroes!
¡Viva la Fuerza Aérea del Perú!
Autor: Coronel FAP (r) Ricardo Angulo Cabanillas, docente facilitador de la Escuela Superior Conjunta de las Fuerzas Armadas.

