Ser madre en el Perú es, ante todo, un acto de fe. Es heredar una fuerza que no se enseña en los libros, sino que se siente en el peso del hijo cargado en la lapa y en el aroma del primer café de la mañana. Nuestra historia no se escribió solo con tinta, sino también con la ternura inquebrantable de mujeres que entendieron que la libertad y el bienestar de los suyos valían más que su propia vida.
Desde el silencio valiente de María Parado de Bellido, quien dio su vida para no dejar huérfana a la patria, hasta la madre que hoy, con el mismo coraje, abre su puesto en el mercado antes de que salga el sol, ser madre en el Perú es convertirse en refugio y la fortaleza de una nación que nunca se rinde.
La maternidad de acero
Esa misma calidez que arrulla es la que se vuelve acero cuando el país tiembla. Lo vimos durante la Guerra del Pacífico, cuando las madres fueron el aliento de los soldados; y lo volvimos a ver en la década de 1980, cuando la escasez de alimentos, el hambre y el miedo acechaban.
En esos inviernos de hiperinflación, la madre peruana hizo el milagro de multiplicar el pan donde parecía no haber. Ser madre en el Perú significó aprender a ser economista, psicóloga y escudo protector. Ese 40% de hogares que hoy son liderados por mujeres no son solo cifras; son testimonios de una ternura convertida en trabajo duro, de manos que pasaron de lavar ropa ajena a firmar títulos universitarios para sus hijos.
Un homenaje al amor que construye
Al final del día, la grandeza de la madre peruana no reside únicamente en los monumentos de nuestras mártires, sino también en los gestos cotidianos: en la lonchera preparada con amor, en el consejo oportuno y en esa mirada que nos dice que todo estará bien, aun cuando el mundo parezca incierto
Ser madre en esta tierra es sembrar esperanza en suelo de piedra y verla florecer. Hoy celebramos a la profesional, a la emprendedora y a la ama de casa; pero, sobre todo, celebramos ese hilo invisible de amor y sacrificio que une a la mujer de la independencia con la mujer de hoy.
Gracias, mamá, por ser la raíz que nos sostiene y la luz que siempre nos guía de vuelta a casa.
En la figura materna converge el origen de la vida y la permanencia del amor, fundamento silencioso de toda sociedad. La maternidad trasciende lo biológico: es un acto continuo de entrega que modela generaciones y construye humanidad.
¡FELIZ DÍA DE LA MADRE!
Autor: Coronel FAP (r) Ricardo Ángulo Cabanillas, docente facilitador de la Escuela Superior Conjunta de las Fuerzas Armadas

